viernes, noviembre 03, 2006

Nuevos tiempos en el blog

A partir de ahora, también pondré reseñas cinéfilas y hablaré de política y otras marranadas, como demostrar que la serpiente que tentó a Eva era abonada del Unicaja y socia del Madrid.

Como últimamente estoy tragando Woody Allen por un tubo -gracias, Jose- pues supongo que comentaré alguna película suya. Y a lo mejor alguna asiática (Samaritan Girl o una de estas pelis tan pedantes).

PD: Ah, también he eliminado la sección de "últimos artículos" y he añadido un link con todas las reseñas literarias ordenadas por autor. A medida que esto crezca, haré otros índices.

miércoles, noviembre 01, 2006

Casa de muñecas, de Henrik Ibsen

La última vez que hablé de Henrik Ibsen -no en este blog- fue para compararlo con George Orwell y Albert Camus. Una comparación que yo basaba en un valor que brilla en las obras de los tres: la honradez, la fidelidad a uno mismo por encima de servilismos políticos, aunque esto llevara a un enfrentamiento con la moral o con el mismo pueblo (como podemos ver perfectamente en el drama Un enemigo del pueblo). Sin embargo, Ibsen y Camus aventajan a Orwell en talento literario: los personajes del inglés nuncan estuvieron vivos del todo -y de hecho, sus obras se pueden catalogar o como parábolas o como reportajes-. La diferencia entre Ibsen y Camus radica en que el francés es infinitamente más moralista que el noruego.

Cuando leo a Ibsen, hay una influencia que se me hace tan obvia que no deja de aparecerseme: Dostoievski. Por ejemplo, cuando Hedda, en Hedda Gabler, empieza a tocar el piano momentos antes de suicidarse, recordé esa obra maestra de la confusión que es el suicido de Kirilov en Los Demonios. El protagonista de Un enemigo del pueblo o la propia Nora de Casa de muñecas son personajes típicamente dostoievskianos: enfermos de orgullo, como el Ganya de El Idiota.

Pero, centrándonos en Casa de muñecas, hay que recordar que se trata de una obra que suele ser reivindicada como feminista. Muchos personajes femeninos de Ibsen son muy independientes, especialmente para la época, cosa que podría apoyar esta afirmación. Pero, sin embargo, no creo que éste sea el "ingrediente" principal de la obra: como en la mayoría de las obras de Ibsen, Casa de muñecas se puede reducir a su final, y éste es universal, por encima del género de su protagonista. Nora ha vivido en la absoluta inocencia; citando a Houellebecq: "Puede que en una época anterior las mujeres se encontrasen en una situación comparable: semejante a la de un animal doméstico"; pero, después de ser acusada por haberle salvado la vida a su marido, abandona -a su marido, a sus hijos, a su vida- para aprender en un acto de orgullo genial: el portazo con el que acaba la obra forma parte de la historia de la literatura.

lunes, octubre 23, 2006

Los justos, de Albert Camus


Última obra del autor francés, y en mi opinión su obra maestra. Aquí la rebelión camusiana sobre los límites de la propia rebelión, que dos años después provocaría su ruptura definitiva con el PCF en El hombre rebelde, aparece con una pureza brutal. Iván Kaliayev es un terrorista que lucha por un mundo mejor; sin embargo, ante la posibilidad de matar a niños es incapaz de asesinar al Gran Duque. Por ello discute con Stepan Fedorov, que simboliza el terrorista nihilista; aquí un extracto que creo revelador:
STEPAN (Violentamente): No hay límites. La verdad es que vosotros no creéis en la revolución. (Todos se levantan, menos YANEK) Vosotros no creéis. Si creyerais totalmente, completamente, en ella, sí estuvierais seguros de que con nuestros sacrificios y nuestras victorias llegaremos a construir una Rusia liberada del despotismo, una tierra de libertad que acabará por cubrir el mundo entero, si no dudarais de que entonces el hombre, liberado de sus amos y de sus prejuicios alzará al cielo la cara de los verdaderos dioses, ¿qué pesaría la muerte de dos niños? Admitiríais que os asisten todos los derechos, todos, ¿me oís? Y si esta muerte os detiene es porque no tenéis seguridad de estar en vuestro derecho. No creéis en la revolución. (Silencio. KALIAYEV se levanta.)
KALIAYEV: Stepan, me avergüenzo de mí y sin embargo no dejaré que sigas. Acepté matar para abatir el despotismo. Pero detrás de lo que dices veo anunciarse un despotismo que, si alguna vez se instala, hará de mí un asesino cuando trato de ser un justiciero.
En la segunda ocasión, Kaliayev no duda y el Gran Duque muere. Sentenciado a muerte, da una última lección. "Si no muriera, entonces sí sería un asesino".Se trata sin duda de la obra en la que más se deja notar la influencia de Dostoyevski, especialmente la de la novela Los demonios (que posteriormente Camus adaptaría al teatro).

Y con este artículo acabamos la obra teatral de Albert Camus. Por último recordar que el autor argelino también adaptó para el teatro Los espíritus, de Pierre de Larivey (1953); La devoción de la Cruz, de Calderón de la Barca (1953); Un caso clínico, de Dino Buzzati (1955); Réquiem por una monja, de William Faulkner (1956); El caballero de Olmedo, de Lope de Vega (1957) y Los Demonios, de Dostoyevski (1959).

domingo, octubre 22, 2006

El estado de sitio, de Albert Camus


Mezcla de diferentes géneros, El estado de sitio está a medio camino entre la comedia crítica a lo Darío Fo y la tragedia clásica. El argumento es muy similar al de su novela La peste; a la ciudad de Cádiz llega una epidemia, representada por La Peste y su secretaria, La Muerte. Continúan las críticas a la violencia revolucionaria que ya habían empezado con el personaje de Tarrou y que finalmente cristalizarían en El hombre rebelde, provocando la ya célebre disputa Camus-Sartre. Es probablemente en esta obra donde más claramente se puede ver el ideal de paraiso de Camus, muy ligado al mar Mediterráneo.

sábado, septiembre 23, 2006

El despertar de l'enfant terrible

Procuré inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevas lenguas. Creí adquirir poderes sobrenaturales... Ahora debo enterrar mi imaginación y mis recuerdos. Una bella gloria de artista y de narrador me ha sido arrebatada. Me han devuelto a la tierra. ¡A mí!, A mí, que me soñé mago o ángel...

Arthur Rimbaud

Otro Próspero. Pero qué Próspero...