viernes, abril 06, 2007

Virginia Woolf y Lucía Etxebarría

El otro día hojeaba en busca de citas ese lúcido a la vez que emotivo ensayo, A room of one's own. Cuando uno lee las consideraciones de Woolf sobre el género de la literatura, no puede dejar de pensar que aún mantienen toda su validez:
Coleridge perhaps meant this when he said that a great mind is androgynous. It is when this fusion takes place that the mind is fully fertilized and uses all its faculties. Perhaps a mind that is purely masculine cannot create, any more than a mind that is purely feminine, I thought. But it would he well to test what one meant by man-womanly, and conversely by woman-manly, by pausing and looking at a book or two. Coleridge certainly did not mean, when he said that a great mind is androgynous, that it is a mind that has any special sympathy with women; a mind that takes up their cause or devotes itself to their interpretation. Perhaps the androgynous mind is less apt to make these distinctions than the single-sexed mind.

[...]

All who have brought about a state of sex-consciousness are to blame, and it is they who drive me, when I want to stretch my faculties on a book, to seek it in that happy age, before Miss Davies and Miss Clough were born, when the writer used both sides of his mind equally. One must turn back to Shakespeare then, for Shakespeare was androgynous; and so were Keats and Sterne and Cowper and Lamb and Coleridge. Shelley perhaps was sexless. Milton and Ben Jonson had a dash too much of the male in them. So had Wordsworth and Tolstoi. In our time Proust was wholly androgynous, if not perhaps a little too much of a woman. But that failing is too rare for one to complain of it, since without some mixture of the kind the intellect seems to predominate and the other faculties of the mind harden and become barren. However, I consoled myself with the reflection that this is perhaps a passing phase.

Cuanto deberían aprender los escritores de hoy! Sin embargo, hubo un parágrafo que me trajo a la mente a esa escritora tan popular a día de hoy, Lucía Etxebarría, que sin duda ha leído este ensayo:
Is that a tree? No, it is a woman. But . . . she has not a bone in her body, I thought, watching Phoebe, for that was her name, coming across the beach. Then Alan got up and the shadow of Alan at once obliterated Phoebe. For Alan had views and Phoebe was quenched in the flood of his views.
Algo similar a esto ocurre con los personajes masculinos de Etxebarría. Recuerdo que cuando leí Un milagro en equilibrio, novela ganadora del Planeta, tuve la sensación que los hombres eran, o bien malvados, o bien individuos pusilánimes a lo Charles Bovary. No es rara la incapacidad de retratar correctamente al sexo opuesto. Sin embargo, hay diferentes tácticas para evitar este defecto: en la obra de Lovecraft apenas encontramos mención alguna al sexo femenino; Dostoievski lo evitaba convirtiendo a todos sus personajes en arquetipos, y haciendo a la mayoría de las mujeres símbolos de un orgullo ancestral; Tolstói lo sorteaba con esa compasión enorme hacia sus personajes, o caracterizándolos con un rasgo muy concreto -la ligereza de Natasha, por ejemplo-. Sin embargo, una escritora no especialmente dotada como Etxebarría -especialmente si la comparamos con los dos autores rusos anteriormente mencionados-, convierte a sus personajes masculinos en grotescos, al enfrentarlos de frente y con, por qué no decirlo, algo de desprecio.

miércoles, abril 04, 2007

La Revolución Conservadora (II): Vida y opiniones del caballero Richard Nixon - De Yorba Linda al Despacho Oval

Para continuar este relato sobre el viraje hacia la derecha de la sociedad estadounidense y su principal responsable, el Partido Republicano, quiero esbozar la biografia de un personaje ya casi mítico, y que creo que puede ser un buen resumen del cambio de su país, al haber sido uno de los motores del susodicho cambio. He de apuntar que, a pesar de todas sus conspiraciones y crímenes, "Tricky Dick" me cae simpático: para mí representa el perdedor nato que, a pesar de todo y de todos, sigue luchando; pocos hechos en la política me han parecido más poéticamente justos que su victoria en 1968, después de haber sido dado por muerto políticamente. Pero empecemos por el principio.

Richard Nixon nació en Yorba Linda, al sur de California, en 1913. Era hijo de una familia de clase media-baja. Destacó tempranamente en el instituto, e incluso recibió una beca para ir a Harvard, que, lamentablemente tuvo que rechazar ya que el desgaste económico que suponía el tratamiento de la tuberculosis de su hermano hizo que la familia Nixon no tuviera el dinero necesario para el alojamiento del joven Richard. Por ello, acabó estudiando Derecho en la cercana universidad de Whittier, en la que fue segundo de su promoción. Cuando acabó la carrera, pudo al fin aceptar una beca de la Ivy League, esta vez para ampliar sus estudios en Duke.

Una vez fuera de la vida universitaria, Richard Nixon vuelve a California y empieza a trabajar en un pequeño bufete; contrae matrimonio con Thelma "Pat" Ryan, y finalmente encuentra trabajo como funcionario en Washington. Al llegar la II Guerra Mundial, Nixon podría haber evitado el reclutamiento como miembro de la administración pública, pero decide acudir: sabe que su futura carrera política puede depender de ello. En la Guerra se haría famoso por su habilidad jugando a las cartas; con el dinero ganado se paga parte de su primera campaña política.

Nixon durante la II Guerra Mundial

Ya de vuelta a casa, Nixon se presenta para un asiento en el Congreso. Lograría arrebatárselo a un congresista que llevaba diez años en la Cámara Baja, Jerry Voorhis. Aquí nuestro Rick empezó a utilizar las triquiñuelas que le harían famoso: no dudaba en acusar veladamente -o no tanto- a sus adversarios de ser pro-comunistas, de una forma mucho más clara de lo que lo hacían otros republicanos. Así, en 1947, con 34 años, Nixon era congresista.

En el Congreso, Nixon hizo honor a su fama de anticomunista: se le asignó un puesto en el Comité de Actividades Antiamericanas que había creado McCarthy, en el cual se ocupó del caso Hiss. Alger Hiss había sido todo un miembro de la delegación americana en Yalta, pero ahora era acusado de ser un espía soviético. Finalmente, gracias a la investigación que dirigió Richard Nixon, Hiss fue condenado a cinco años de prisión, y con ello Nixon se hizo extremadamente popular. Así, en 1950, se presentó a las elecciones para senador por California, en las que derrotó a Helen Gallahan, la amante de Lyndon Johnson. Nixon se sirvió de su habitual táctica: acusó a Gallahan de ser pro-comunista; sin embargo, fue en estas elecciones en las que se popularizó su más famoso mote: Tricky (taimado) Dick.

Alger Hiss

En 1952 fue elegido como candidato a la vicepresidencia, junto a Dwight Eisenhower. El carisma del héroe de la II Guerra Mundial les llevó a ganar las elecciones muy claramente, siendo la primera candidatura republicana que ganaba las presidenciales desde Hoover, en 1929. Como expliqué en el anterior capítulo, Eisenhower era un presidente republicano con muy poco de republicano: un hombre que ha estado ocupado ganando una Guerra Mundial no tiene mucho tiempo para desarrollar ideologías partidistas. Dentro de la centrada presidencia de Eisenhower, Nixon amplió en mucho las competencias de la vicepresidencia, haciéndose en cargo, de facto, de la política del día a día. Durante este periodo, Nixon pudo actuar como presidente en tres ocasiones (1955, 56 y 57) debido a la mala salud del ya muy avejentado Eisenhower. Además, reforzó su popularidad con el llamado "debate de la cocina": en una visita oficial a Moscú, con motivo de la Exhibición Nacional Americana, Nixon entabló un debate con Krushov, en la que plantó cara a las maneras, un tanto agresivas, del líder soviético: Nixon argumentó que los estadounidenses daban mucha importancia a asuntos "de menor peso" como el comfort. Así, nuestro "Tricky Dick" estaba en una posición muy buena para ocupar el Despacho Oval cuando acabó el segundo mandato de Eisenhower. Habían llegado las elecciones de 1960: la virtud contra el vicio, el bueno contra el feo y el malo; en definitiva, John Fitzgerald Kennedy contra Richard Nixon.

Dwight Eisenhower junto a Richard Nixon

Las elecciones de 1960 fueron las más emocionantes de la historia. Las del 2000 son comparables en igualdad, pero mientras que Gore-Bush era un duelo de perfil bajo, Kennedy-Nixon era un gran, gran enfrentamiento. JFK simbolizaba todo lo que Nixon había odiado durante toda su vida: Kennedy era un guapito rico de la Costa Este. De hecho, el dispar aspecto físico de ambos candidatos fue muy importante, ya que, en el debate televisado -el primero de la historia- la mala apariencia de Nixon, que había rehusado maquillarse, desniveló la balanza a favor del demócrata: tanto es así, que los que escucharon el debate por la radio dijeron mayoritariamente que el debate lo había ganado Nixon, mientras que los que lo vieron por televisión dieron la victoria a JFK: desgraciadamente para Rick, la televisión ya era un medio más popular. Así, Nixon encaja la primera derrota electoral de su carrera, por un muy estrecho margen; igual que en el 2000, hubo rumores de fraude: se llegó a decir que los Kennedy habían pagado a la mafia.

Nixon y Kennedy durante el debate televisado

Nixon regresa a su California natal, y sólo año y medio después de la derrota electoral se presenta a Gobernador de California. Era muy difícil que ganara estas elecciones: en realidad hay quien dice que lo que pretendía Nixon era evitar ser nombrado candidato por los republicanos para las presidenciales del 64, en las que se esperaba a un Kennedy muy popular. Sea como sea, Nixon perdió las elecciones, pero el último día de la campaña se despidió de la prensa diciendo cosas como que esa era su "última conferencia de prensa" o "ya no podréis meteros más con Nixon". Aquí empieza el largo historial de ataques de políticos republicanos a la prensa, a la que consideraban parcial.

Pero, cuando ya era considerado un cadáver político, Nixon vence. En 1968 su fidelidad se ve premiada con la candidatura a la presidencia por el Partido Republicano. En el artículo anterior ya he comentado brevemente las circunstancias de esas elecciones; en todo caso, en el próximo capítulo y como conclusión de esta "Vida y opiniones del caballero Richard Nixon", volveré a analizarlas. En definitiva, Richard Nixon ganó las elecciones de 1968, y se convirtió en el trigesimoseptimo Presidente de los Estados Unidos.

Richard Nixon durante la campaña de 1968. El gesto de la doble V se convertiría en una de sus señales de identidad.

martes, abril 03, 2007

Naciones, estados y culturas, de Will Kymlicka

Will Kymlicka es un filósofo canadiense que fue invitado por la Universidad de Amsterdam para impartir las prestigiosas Conferencias Spinoza. Estados, naciones y culturas no es más que la recolección de estas, que resultan ser un buen resumen de su filosofía política. Pues venga, vamos a darle caña:

El objeto de las investigaciones de Kymlicka es, principalmente, la integración de una cultura minoritaria en el Estado. Son dos las variantes de este problema inicial que estudia Kymlicka: el primero es el caso de una nación minoritaria dentro de un Estado multinacional (como Quebec en Canadá, al que el autor se refiere constantemente, o Cataluña y Euskadi en España); el segundo es el problema de la inmigración, omnipresente en el Primer Mundo a día de hoy. En ambos problemas estoy profundamente en desacuerdo con él.

Antes de empezar a razonar mi disconformidad con Kymlicka querría hacer un apunte sobre la definición de liberalismo: ¿exactamente cuándo deja de poder considerarse a una teoría como "liberal"? En Europa, el liberalismo se ve invadido por la derecha, que proclaman la necesidad de proteger a la familia tradicional frente a los homosexuales, mientras que no dudan en proclamarse liberales; en Estados Unidos, el liberalismo se identifica con la izquierda, con la política de Johnson y McGovern, asumiendo como símbolos elementos tan a priori extraños para el liberalismo clásico como la discriminación positiva. Es importante recordar que el liberalismo tiene como principio básico la defensa de la libertad individual: Kymlicka lo sabe. Sin embargo, Kymlicka va a intentar hacer una pirueta para ligar el liberalismo clásico tanto a los individuos como a las culturas; semejante engendro les gustará a los hegelianos: no a la gente de bien.

Kymlicka estructura su nacionalismo liberal en torno a dos puntos:

·El Estado no puede ser culturalmente neutral, por lo tanto, es imposible que el Estado intente adoptar una postura como la que adopta en cuanto a la religión: un Estado supuestamente neutral acabará favoreciendo a la cultura mayoritaria, como por ejemplo en la lengua utilizada para las gestiones administrativas.

·El individuo para desarrollar su libertad, necesita a su cultura societal, por ello el Estado, para defender la libertad individual, debe defender las diferentes culturas societales existentes.

Con el primero estoy más o menos de acuerdo. Sin embargo, habría que añadir que el Estado tampoco es neutral en cuanto a las religiones: los dias festivos a nivel estatal, por ejemplo, vienen heredados de costumbres religiosas. Hablaré más de esto cuando critique la solución de Kymlicka para la inmigración.

En cuanto al segundo, me parece obvio que es inaplicable a los nacionalismos a los que Kymlicka se refiere constantemente -Quebec y Cataluña-. Resulta muy discutible que un individuo necesite de su cultura societal para desarrollarse: máxime cuando la mayor parte de culturas que han adoptado la democracia liberal tienen muchos parecidos culturales; el problema que plantea Kymlicka es en cuanto al idioma: el problema es que, con los medios de comunicación actuales, es evidente que en todo el Estado la enorme mayoría de la población podrá hablar el idioma mayoritario del Estado a nivel nativo, o casi; la dificultad para desarrollarse que plantea Kymlicka hubiera tenido sentido en el siglo XIX, en el cual los niños tenían como única fuente a sus padres y entorno, pero hoy en día, en el que los niños ven la televisión, leen, etcétera en los idiomas del estado, en el que por supuesto, el mayoritario es el más usado, es improbable que se de el problema que plantea Kymlicka. De hecho, los mismos nacionalistas afirman luchar principalmente para que su idioma no se pierda en un futuro, no porque ellos no puedan ser verdaderamente libres en la sociedad en la que viven; además, buena parte de sus campañas son prácticamente simbólicas: por ejemplo, traducir las etiquetas de los productos al idioma minoritario.

Además, incluso aceptando que la libertad individual debe preservarse mediante la defensa de la cultura societal, esto haría necesario dar competencias sobre la lengua y otras cuestiones al gobierno del territorio donde existe la cultura minoritaria, pero, evidentemente esto está muy alejado de las reivindicaciones de los nacionalistas: siendo uno de los temas más importantes, no se limitan a pedir autonomía para defender su cultura societal, sino que desean tener competencias a niveles tan poco "culturales" como infraestructuras o economía. Obvio es, pues, que la defensa de la libertad individual a través de la cultura del individuo no es el motor que les mueve.

El problema de Kymlicka viene de intentar racionalizar algo que no lo es: el nacionalismo. Es posible que exista algun nacionalista que tan sólo quiere defender su cultura -y aún así no estariamos de acuerdo con la argumentación que hace el filósofo canadiense-, pero, en la aplastante mayoría de los casos, las reivindicaciones de los nacionalistas no se limitan a eso, sino a una, a priori irracional, ya que está basada en argumentos identitarios, mayor autonomía en todos los ámbitos. Por supuesto, algo irracional no tiene porque ser malo. Por ejemplo, el nacionalismo periférico puede llevar al Estado a descentralizarse, mejorando así la atención que se presta a los ciudadanos que residen lejos de la capital. Sin embargo, esto no significa que el nacionalismo sea bueno: igual que puede tener consecuencias positivas, puede tener consecuencias negativas.

Hablemos pues del segundo tema que trata Kymlicka: las políticas a aplicar sobre la inmigración. Kymlicka dice que el Estado debe permitir y favorecer la existencia de otras culturas, siempre teniendo en cuenta la siguiente máxima: Los individuos deben ser libres dentro de su propia cultura societal, y debe haber igualdad entre culturas societales: esto es, una cultura societal no puede atacar la libertad individual de un individuo -todos tenemos en mente el ejemplo de las mujeres en ciertas culturas- y un individuo no puede verse favorecido por el estado por pertenecer a una determinada cultura societal. Aún estando de acuerdo con su argumentación, me parece que los ejemplos que utiliza violan muy claramente la libertad individual. Por ejemplo, Kymlicka habla de permitir trabajar a obreros que no quieren ponerse el casco por motivos religiosos (!!!) o dejar abrir en los domingos a los comercios regentados por individuos que tengan su día de descanso religioso en un día diferente, como por ejemplo los judíos. En el ambos casos, algo así daría una ventaja económica a los miembros de la susodicha cultura societal inmigrada, lo que rompería uno de los dos principios que el propio Kymlicka ha enunciado.

jueves, marzo 29, 2007

La Revolución Conservadora (I): El despertar del nuevo/viejo americano

Temps era temps, decía Serrat. En aquellos tiempos, los EEUU estaban dominados por el establishment de la Costa Este: el New Deal había llevado la euforia al Partido Demócrata. Desde la llegada de Franklin D. Roosevelt al poder, en el año 1933, hasta 1968, el único presidente republicano que ocupó el Despacho Oval fue Eisenhower, que puede considerarse que llegó a la presidencia más en calidad de héroe nacional que como político republicano: hasta el extremo de que ambos partidos le animaron a presentarse a sus primarias. En el 68, EEUU parecía encaminada por la senda del liberalismo: en pocos años, Lyndon B. Johnson había pasado de eliminar la segregación racial del Sur a apoyar la affirmative action -discriminación positiva-.

Lyndon B. Johnson, el último presidente de la era del Partido Demócrata, junto a Martin Luther King.

Sin embargo, algo había empezado a cambiar en el seno del Partido Republicano, y con él, en toda la sociedad americana. El partido, que desde la época de McKinley había sido controlado por los grandes financieros del Este, cambió su centro de gravitación hacia el sudoeste: aunque desde la Guerra Civil los sureños habían votado tradicionalmente a los demócratas -fue Lincoln, el primer presidente republicano, el que liberó a los negros, lo que llevaría a la guerra- cada vez se abría una brecha mayor entre la política "multicultural" de la Administración Kennedy-Johnson y el tradicionalista sur. Muchos demócratas sureños estaban descontentos con la dirección que tomaba su propio partido: los republicanos iban a aprovecharlo.

Puede decirse que la Revolución Conservadora dió su primer paso en las primarias republicanas para las elecciones de 1964. Para sorpresa general, el senador Goldwater derrotó a Nelson Rockefeller. Esto sorprendió a los propios republicanos: el derrotado llegó a calificar a los seguidores de Goldwater de "minoría radical y bien financiada". Ciertamente, los chicos Goldwater aún no tenían demasiada voz dentro del partido, pero estaban tremendamente bien organizados. Aún así, Lyndon B. Johnson aplastó a Goldwater por una de las mayores diferencias de la historia.

Goldwater, el padre de la Revolución Conservadora.

Con Johnson, las diferencias entre la élite político-cultural y la mayor parte de la población se habían agudizado. Por dar un ejemplo, en 1969 la ganadora del Oscar a mejor película fue Cowboy de medianoche, una cinta que gira en torno a la figura de un gigolo. Además, había divergencias en el Partido Demócrata: por la derecha, los demócratas del Sur -que dominaban la política sureña- reclamaban el regreso de la segregación racial (Wallace); por la izquierda, una parte del Partido quería salir de Vietnam (McGovern), y otra pedía más derechos para las minorías (Robert Kennedy). Así, el Partido Demócrata eligió al vicepresidente Humphrey como candidato, pero George Wallace, gobernador demócrata de Alabama, se presentó por el Partido Independiente de América: la coalición del New Deal, que tanto éxito había tenido desde los años 30, acababa de romperse. Por el Partido Republicano fue nombrado Richard Nixon, que volvía a presentarse después de haber sido derrotado por Kennedy en 1960.


Un gobernador demócrata racista y pro-sureño. Qué cosas, ¿verdad?

Aunque la candidatura de Wallace le quitó a Nixon algunos estados sureños, el Partido Republicano se alzó con la victoria. Es indiscutible que la fragmentación del Partido Demócrata tuvo mucho que ver en ello, pero también es cierto que Nixon hizo una campaña despiadada con los temas culturales, que logró abrir una brecha entre los demócratas y los trabajadores, que hasta aquel momento lo habían considerado mayoritariamente "su partido". La idea de que los demócratas eran un grupo de pijos de la Costa Este que hacían sufrir sus disparatadas ideas al honrado trabajador blanco empezó a popularizarse aquí. En definitiva, Richard "tricky" Nixon se convirtió en el trigesimoseptimo Presidente de los Estados Unidos de América.


Continuará.

martes, marzo 27, 2007

El mito de la sobrerrepresentación

Artículo original de mi anterior blog. Voy a eliminarlo, y estoy poniendo aquí los artículos -pocos- que tenía allí.

Una de las ideas más extendidas sobre el sistema electoral español es que favorece a los partidos que tienen su voto concentrado, mientras que margina a las opciones políticas "dispersas": eso es cierto, como mínimo parcialmente. La otra idea es que el sistema favorece a los partidos que podriamos denominar "nacionalistas periféricos"; esta idea es falsa.

Para empezar plantearé una hipótesis para explicar el origen del mito del "nacionalismo sobrerrepresentado". Creo que se trata de un efecto óptico, normal en cualquier persona que viera los resultados electorales de esta manera:

PSOE 164 10.909.687 42.64 %
PP 148 9.630.512 37.64 %
CiU 10 829.046 3.24 %
ERC 8 649.999 2.54 %
EAJ-PNV 7 417.154 1.63 %
IU 5 1.269.532 4.96 %
CC 3 221.034 0.86 %
BNG 2 205.613 0.8 %
CHA 1 93.865 0.37 %
EA 1 80.613 0.32 %
Na-Bai 1 60.645 0.24 %

Si buscamos injusticias a primera vista, la que más destaca es la de IU, que obtiene 5 diputados, aunque tiene más votos que CiU (10 escaños) y PNV (7 escaños) juntos. Pero sigamos: ¿es "real" esta injusticia"? Resulta evidente que hay un desequilibro entre la representación de CiU y PNV y la de IU, es decir que podemos afirmar que estos partidos están sobrerrepresentados respecto a IU. Los que creen en el mito del "nacionalismo sobrerrepresentado" se quedan aquí. Pero para obtener una verdadera respuesta, tendriamos que observar si la representación de cada partido es proporcional a su cantidad de votos. Así, supondremos que en un sistema ideal un partido que recibe el 10% de los votos, tendría que recibir 35 escaños (el 10% del Parlamento) o ligeramente más, para compensar los votos que reciben los partidos que no pueden llegar al Parlamento al no obtener el mínimo (que sería el 0,28%, es decir 100/350).

Así, comparemos los porcentajes de voto con los porcentajes de escaños. El primer dato será el porcentaje de voto, el segundo el porcentaje de escaños y el tercero la diferencia:

PSOE 42,59% 46,85% +4,26%
PP 37,71% 42,28% +4,57%
IU 4,96% 1,42% -3,54%
CiU 3,23% 2,85% -0,38%
ERC 2,52% 2,28% -0,24%
PNV 1,63% 2,00% +0,37%
CC 0,91% 0,85% -0,06%
BNG 0,81% 0,57% -0,24%
CHA 0,36% 0,28% -0,08%
EA 0,31% 0,28% -0,03%
NaBai 0,24% 0,28% +0,06%

Vemos que los partidos que salen ganando son, claramente, PP, PSOE y PNV; además de una ligera mejoría de NaBai.
Sale perdiendo principalmente IU, pero también CiU, ERC, BNG, CHA, CC y EA.

Ahora pasaremos a ver como quedaría un supuesto Parlamento "un hombre, un voto" y lo compararemos con el parlamento real:

PSOE 164 157 -7
PP 148 139 -9
IU 5 18 +13
CiU 10 12 +2
ERC 8 9 +1
PNV 7 6 -1
CC 3 3 +0
BNG 2 2 +0
PA 0 2 +2
CHA 1 1 +0
EA 1 1 +0
Na-Bai 1 0 -1

Podemos observar que con una representación así, llegar a la mayoría absoluta sería prácticamente imposible, por lo menos con la situación política actual.

La parte del mito que he anunciado al principio como falsa ya está demostrada como tal. La cierta (el voto concentrado es mejor que el voto disperso) es mucho más fácil: los partidos que tienen su voto concentrado sale ganando, ya que los partidos que ganan las elecciones en cada circunscripción (y los únicos que lo hacen son PP, PSOE y PNV) reciben una representación en el Parlamento superior a lo que les correspondería. Además, también resulta obvio que es mejor tener el voto "concentrado" aunque no se gane, como en el caso de CiU, que disperso por todo el territorio, como IU; mientras que la infrarrepresentación del primero es bastante ligera, la del segundo es claramente mayor.

PD: He revisado los resultados: son muy parecidos a los anteriores (un escaño menos el PSOE, uno más al PP, uno más al PNV, uno más a ERC, uno más a CiU...).