lunes, mayo 21, 2007

Chomsky y Pol Pot


Navegando por la red de redes, así, un poco al tun-tun, leí una acusación contra Chomsky -no necesita presentación- que me pareció especialmente terrible: en esencia era que durante los años 70, había dado su apoyo a los Jemeres Rojos, responsables de una de las matanzas más terribles de la historia; el genocidio camboyano. A diferencia de la acusación relativa a su negación del Holocausto -de la que quizá hable otro día- ésta parecía tener más base: no se acusaba a Chosmky de haber apoyado a un negacionista, sino de serlo él mismo. Además, la mayoría de detractores del semiólogo, aunque no daban fuente alguna, parecían referirse al mismo texto, puesto que todos hablaban de una comparación entre la Francia liberada y la Camboya de los Jemeres Rojos.

Después de estar a un rato indagando de link en link, y con la ayuda de San Google mediante, al final encontré el artículo al cual se referían las críticas contra Chomsky: Distortions at Fourth Hand, publicado el 25 de junio de 1977, en la revista The Nation. La idea básica del artículo es que el trato que los medios daban a la Camboya post-revolucionaria era excesivamente duro, y a su juicio, bastante propagandístico. Chomsky ataca las fuentes de diferentes artículos y libros que denuncian el genocidio de Pol Pot; incluso arremete contra Camboya year zero, obra del padre Ponchaud, que con el tiempo se ha convertido en canónica sobre este conflicto, aunque eso sí, también afirma que se trata de un buen libro -¿quizás porque Ponchaud también era izquierdista, llegando a pedir a Amnistia Internacional que, además de Pol Pot, también fueran juzgados Nixon, Kissinger y Carter?- En contraposición a estas obras supuestamente parciales o basadas en información poco fiable, Chomsky presenta el libro Cambodia: Starvation and Revolution, de George C. Hildebrand y Gareth Porter, en el que, según el semiólogo:

The response to the three books under review nicely illustrates this selection process. Hildebrand and Porter present a carefully documented study of the destructive American impact on Cambodia and the success of the Cambodian revolutionaries in overcoming it, giving a very favorable picture of their programs and policies, based on a wide range of sources.

[...]

Before looking more closely at Ponchaud's book and its press treatment, we would like to point out that apart from Hildebrand and Porter there are many other sources on recent events in Cambodia that have not been brought to the attention of the American reading public. Space limitations preclude a comprehensive review, but such journals as the Far Eastern Economic Review, the London Economist, the Melbourne Journal of Politics, and others elsewhere, have provided analyses by highly qualified specialists who have studied the full range of evidence available, and who concluded that executions have numbered at most in the thousands; that these were localized in areas of limited Khmer Rouge influence and unusual peasant discontent, where brutal revenge killings were aggravated by the threat of starvation resulting from the American destruction and killing. These reports also emphasize both the extraordinary brutality on both sides during the civil war (provoked by the American attack) and repeated discoveries that massacre reports were false.

Antes de dar por acabado este comentario, querría citar un fragmento al que antes he aludido. Me refiero a la supuesta comparación entre la Francia liberada y la Camboya de los Jemeres Rojos:

If, indeed, postwar Cambodia is, as he believes, similar to Nazi Germany, then his comment is perhaps just, though we may add that he has produced no evidence to support this judgement. But if postwar Cambodia is more similar to France after liberation, where many thousands of people were massacred within a few months under far less rigorous conditions than those left by the American war, then perhaps a rather different judgement is in order. That the latter conclusion may be more nearly correct is suggested by the analyses mentioned earlier.

Como podemos ver, Chomsky no hace una comparación directa, sino que antepone un "si". No obstante, a pesar de eso, al lector de hoy le resulta aberrante el comentario, aunque es muy probable que Chomsky no dispusiera cuando escribrió el artículo de la misma información que tenemos a día de hoy.